
El estado no regulado plantea riesgos potenciales para los clientes, ya que no hay supervisión por parte de las autoridades financieras.

Disponibilidad limitada de atención al cliente, ya que no se proporciona asistencia 24/7.

Historia regulatoria sospechosa, que puede disuadir a posibles clientes preocupados por la legitimidad y la seguridad.