
Broker no regulado, lo que genera preocupaciones significativas sobre la seguridad de los fondos y la confiabilidad general.

Altas tarifas y restricciones en los retiros, incluyendo un recargo adicional del 10% sobre los fondos no negociados, lo cual no es una práctica estándar.

Falta de transparencia respecto a la gestión de la empresa y los detalles operativos, lo que dificulta a los clientes evaluar el riesgo.